Todos los días paso por ahí. Reconozco que soy un poco flipaete y en las rotondas me gusta acelerar para hacerlas un poco más rápido de lo que sería recomendable, eso sí, siempre que no haya otros vehículos a la vista. Pero cuando llego a la tercera rotonda desde que salgo del trabajo siempre bajo la velocidad, entro despacio y con la mirada fija en su sitio de cada día. Y allí está, la chica de la rotonda. Apoyada en el quitamiedos, justo antes de llegar a la segunda salida (yo tengo que tomar la tercera) con su falda siempre muy por encima de las rodillas. Eso sí, con su abrigo de piel, o algo que se le parece. Mirando al infinito, no se inmuta cuando paso frente a ella, un día y el siguiente y así todos. Hay días que paso y no la encuentro, es la misma hora y su sitio está vacío. Entonces imagino al tipo que habrá parado junto a ella y ha enseñado unos cuantos billetes. Inevitablemente me entristezco al pensar en esa chica de mirada perdida, mucho más guapa que la mayoría de chicas que pueda encontrar en un bar un sábado por la noche, de esas a las que no hace falta pagar. Supongo que no soy el primero ni el último que se enternece con ella, de hecho puede que sea su mejor arma para sobrevivir. De momento yo me conformo con que algún día su mirada desde el quitamiedos se cruce con la mía dentro del coche mientras vuelvo a casa hasta los huevos del curro.
Jan 11
Jan 04
El hecho de que la vida surgiese a partir de casi nada, apenas 10.000 millones de años después de que el universo surgiese a partir de literalmente la nada, es un hecho tan asombroso que estaría loco si intentase encontrar palabras que le hicieran justicia.
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