Últimamente gracias a algunas cosas que cierta persona me dice (y que no sé apreciar como se merece) estoy empezando a conocer un poco de mí mismo. Sí, con 24 años creo que hasta ahora no era consciente de como soy, para bien o para mal. Aviso: escribo con cierto grado de insomnio provocado por un cúmulo de emociones que en los últimos tiempos no me dejan dormir como solía (básicamente, como un ceporro era como yo normalmente pasaba las noches).
Me cuesta mucho hablar de mis cosas buenas, pero es muy fácil para mí reconocer mis cosas malas. El problema es que exteriormente mis reacciones ante mis errores afectan más a los que están a mi alrededor, aunque mi intención sea la de castigarme a mí mismo. Sé que ahora cuando vuelva a leer esto dejará de tener sentido para mí, pero me he propuesto no borrar nunca más nada de lo que empiece a escribir aquí, al fin y al cabo, sólo cuatro gatos me leéis, y confío en que algo de lo que digo tenga sentido y os sirva para entenderme un poco nada más. El caso es que sí, puede que tenga cosas buenas, pero yo aún espero que alguien me descubra lo mejor de mí, porque empiezo a no conformarme con ser sólo “bueno”, quiero poder ser alguien mejor o por lo menos dejar de hacer las cosas que conscientemente sé que están mál.
Voy a intentar dormirme, si los recuerdos de La Pedriza, el embalse de Santillana, los gusanitos en esa carretera con curvas, las pizzas mitad y mitad, el Havana Club, la Guiness, el Reina Sofía cerrado, Atocha, la catedral de Justo o los bocadillos del Cricket dejan de recordarme lo mal que lo hago a veces y lo poco que suelo acertar.
Ultimos comentarios