Me ocurre de vez en cuando: administrando los comentarios del blog, viendo alguna foto en el tuenti, cuando alguien pronuncia tu nombre, escuchando a nuestros hermanos tocar juntos… Estímulos más o menos lógicos que hacen que súbitamente deje de preocuparme por nada y sólo pueda evocar alguna frase tuya, una expresión, algo que inevitablemente hace que sonría y llore por dentro a la vez. Lo extraordinario y lo maravilloso es cuando me ocurre sin ningún motivo aparente, es entonces cuando me doy cuenta de que esa sensación siempre seguirá dentro de mí, aunque no haya nada más que la induzca.
No quería escribir sobre ti justo ahora, pero esta semana la cantidad de lágrimas espontáneas ha aumentado irremediablemente. Puede que la gente alrededor flipe un poco cuando en una situación de lo más normal, mi expresión cambia durante unos segundos y no presto atención a nada que no sean esos recuerdos furtivos que, como una luz intermitente, están ahí recordándome trocitos de ti. Me da un poco igual, porque en realidad me hacen feliz esos flashes, sirven para ahuyentar los temores del olvido que desde hace un año me asustan periódicamente.
Te juro que me encanta ahogar lágrimas si son por ti.
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