Nunca es fácil esto de la vida. Puedes preguntarle a cualquiera, casi todo el mundo se queja de algo. Yo siempre he pensado que el secreto de la felicidad es muy sencillo: estar a gusto con las cartas que tienes. Porque son muy pocos los que tienen la oportunidad de pedir otras, de darse mus. La mayoría tenemos que apechugar o simplemente no ir. Y tirar las cartas.
Y yo estoy a punto de hacer esto último. No puedo quejarme mucho de mis cartas, pero llega un momento en el que notas que todos a tu alrededor las tienen mejores. Que las tuyas, sin ser malas, no te sirven para lo que quieres. Odio mis cartas. Al principio, cuando los años empiezan a contar, sospechas que quizá no sean tan buenas como pensabas. Pero cuando cada detalle de tu vida está justo al revés, entonces te das cuenta de que o tenías malas cartas o no sabes jugar.
No puedo seguir jugando, no sin saber las reglas que aparentemente todos conocen menos yo. Y menos con estas cartas. Porque aunque me digan que no puedo quejarme, que “vivo cómodo”, yo sé que no sirven para nada.
Y en el fondo también sé que todo esto son excusas. Pero soy realista, y ese pequeño cambio, aquello que cambiaría mis doses por ases y mis sietes por reyes, no va a ocurrir. Es la desesperanza en sí misma, saber que aunque tenga en mi mano cambiar todas mis cartas, no sería feliz. Porque seguiría sin tenerte a mi lado, y eso, mira que me parece increíble, es la única carta que quiero tener.
March 16th, 2010 a las 11:21 pm
Si queires te dejo mi pito… cuatro. En cuanto a las cartas, siempre cabe la posibilidad de hacer trampas, o jugarlas, aunque sean malas puede que ganes.
Por cierto tambien queda el recurso del only, no es muy ortodoxo pero puede salir bien.
March 20th, 2010 a las 8:16 pm
Si es que a mi se me notan mucho los faroles!