Relaciones y complejidad

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A medida que nos hacemos mayores todo en esta vida se vuelve absurdamente complejo. Por ejemplo, las finanzas. Cuando en tu bolsillo sólo hay 100 pesetas un domingo por la mañana el reparto de gastos está claro: 2 bolsas de fritos/apetinas/jumpers a razón de 5 duros cada una y 10 duros más para chucherías. Ahora tengo que estar pendiente de mil movidas que tienen que ver con la pasta. Con lo que odio yo los bancos, que además de robarnos, sus dueños nos toman por tontos y nos hacen pagarles sus palacios y sus drogas.

Pero lo que más me afecta últimamente es darme cuenta de lo complejo que se vuelve todo en mis relaciones con los demás. Cuando eres pequeño la cosa está clara: tus amigos son tus amigos y ya está. Lo compartes todo con ellos y son amigos para todo, para salir, para ir al colegio, para todo. Luego todo se complica, están los amigos del pueblo, los de la universidad, los del trabajo, los conocidos, los amigos-de-amigos… De alguna forma, la línea que separa a tu gente de confianza de los demás de borra poco a poco, y sí, los que estaban dentro de tu círculo (recordad “Los padres de ella” ) siguen estando dentro, pero los que estaban cerca del borde, a lo mejor ahora no se sabe donde están. Y me desconcierta muchísimo, y muchas veces no sé como sentirme ni como actuar, porque si antes compartía gran parte de mi vida con esas personas, a lo mejor ahora no lo hago y no sé si es mi culpa, si ha pasado “porque sí” o si tengo que hacer algo para evitarlo.

Lo que más me molesta, la verdad, es pensar que soy el único que se lo plantea, que desde el otro lado no ven los cambios que yo veo, porque a lo mejor yo nunca estuve en su círculo, porque los círculos son caprichosos y cada uno tiene un epicentro y puede que el mío esté menguando pero el de los demás ya fuera pequeño. Y empiezo a sospechar que hay personas que ni siquiera tienen un círculo lo suficientemente grande para que quepan ellos mismos y su egoísmo. Y la verdad, a mí siempre me ha hecho sentir mál que no me dejen entrar en un sitio.

La chica de la rotonda

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Todos los días paso por ahí. Reconozco que soy un poco flipaete y en las rotondas me gusta acelerar para hacerlas un poco más rápido de lo que sería recomendable, eso sí, siempre que no haya otros vehículos a la vista. Pero cuando llego a la tercera rotonda desde que salgo del trabajo siempre bajo la velocidad, entro despacio y con la mirada fija en su sitio de cada día. Y allí está, la chica de la rotonda. Apoyada en el quitamiedos, justo antes de llegar a la segunda salida (yo tengo que tomar la tercera) con su falda siempre muy por encima de las rodillas. Eso sí, con su abrigo de piel, o algo que se le parece. Mirando al infinito, no se inmuta cuando paso frente a ella, un día y el siguiente y así todos. Hay días que paso y no la encuentro, es la misma hora y su sitio está vacío. Entonces imagino al tipo que habrá parado junto a ella y ha enseñado unos cuantos billetes. Inevitablemente me entristezco al pensar en esa chica de mirada perdida, mucho más guapa que la mayoría de chicas que pueda encontrar en un bar un sábado por la noche, de esas a las que no hace falta pagar. Supongo que no soy el primero ni el último que se enternece con ella, de hecho puede que sea su mejor arma para sobrevivir. De momento yo me conformo con que algún día su mirada desde el quitamiedos se cruce con la mía dentro del coche mientras vuelvo a casa hasta los huevos del curro.

Dependencia

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Es una putada depender de alguien. Esa sensación de falta de libertad, de estar pendiente de que otra persona haga o te diga algo es algo que no todo el mundo aguanta. Yo creo que es uno de los motivos por el cual yo sigo solo, que me molesta mucho tener que esperar que alguien me confirme algo que le ofrezco, o me mire de esta u otra forma para darme por aludido de algo.

Las relaciones de pareja se basan irremediablemente en la dependencia mutua. Esas llamadas para no decir nada, o esas conversaciones contando las cosas más cotidianas como si fueran aventuras increíbles son meros vínculos de dependencia. Por eso yo veo muy difícil que tenga algún día un hijo. Sería tener a una persona, que además de ser la que más quieres, depende totalmente de tí. No me veo capacitado para eso, ni muchos menos.

A ver, que no digo que sea malo ser dependiente, de hecho yo estoy bastante harto de serlo tan poco. Es una putada, porque a ojos de mucha gente puedo parecer egoísta, o que no muestro mis sentimientos. Yo tengo una teoría, y es que la gente que no da muestras de afecto tiene más sentimientos que la media, lo cual no significa que las personas que sí muestran sus sentimientos no los sientan en realidad. He conocido varios casos que me lo confirman.

No lo sé,  yo lo veo así. Puede que cuando me toque depender de alguien deje de ser yo, puede que incluso me convierta en alguien mejor de lo que soy ahora. En el fondo puede que depender de alguien sea lo único bueno que se puede hacer en esta vida. Algún día os lo contaré…

La estupidez de los estadounidenses

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No soy muy amigo de encuestas, y menos de este tipo de reportajes televisivos en los que pretenden sondear la opinión de la calle preguntando a 3 ó 4 personas. Pero en este vídeo, grabado por una televisión australiana, salen personas de todas clases sociales, negros, blancos, latinos, jóvenes, viejos… bastante gente con un denominador común: son sencillamente tontos. No voy a sacar ahora mi vena anti-americana (que la tengo, os lo aseguro), pero es que me parece increíble que cualquier habitante de occidente sepa estas cosas básicas menos los que supuestamente son “los dueños” del mundo. ¿Qué clase de educación fanática reciben allí para confundir Corea con Australia? Para tirarse de los pelos.

Si yo fuera rico

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Llevamos unas semanas en el trabajo haciendo una quinela conjunta, con la honrada ilusión de que nos toquen algunos eurillos. Es el primer sueño español, hacerse rico con la lotería. El segundo es, por supuesto, hacerse funcionario y tener piso propio. Como veo más fácil lo de la lotería, echo un par de eurillos a la causa cada semana. Nos devanamos los sesos votando en qué casilla ponemos un doble o un triple, con el consiguiente espectáculo en la cafetería del curro de voces en plan “el Almería es un 1 fijo, que mi novia es de allí” o “te vamos a echar de la peña por no ponerle que gana al Madrid”.

Pero las verdaderas pasiones se desatan cuando empezamos a hablar de lo que haríamos si nos tocara una cantidad escandalosamente grande de dinero. En la quiniela es difícil, pero pongamos que un día te encuentras de la noche a la mañana con 10 millones de euros más en el banco. Hay dos tipos de personas en el Mundo: los que saben que hacer con esa cantidad escandalosamente grande y los que no. Yo me incluyo humildemente entre los que no tendrían ni puta idea de qué hacer con ese boleto premiado. Vale, sí, lo primero ir al banco, pero una vez allí ¿qué? ¿Te fías de esos chupasangres que te han sacado hasta el último centimillo de tu mísero sueldo mileurista? Teoricamente deberían hacerte una felación según entras por la puerta, pero no cabe duda de que te seguirán robando aunque ahora seas cliente VIP.

Ya has ingresado el boleto en el banco. Supongo que te darán un dinerillo “para ir tirando” hasta que termines de cobrar tu premio de la administración. ¿Y ahora qué? Eres un pardillo con pasta y evidentemente no estás acostumbrado. Cómo somos así de simples, lo primero será un coche, el más caro y grande que veamos. Pero a mí no me convence ir a por el primero que vea, yo quiero mi 911 Turbo personalizado y tendría que esperar medio año a que saliera de la factoría Porsche. Entretanto, habrá que desaparecer antes de que familiares y amigos buitres te esquilmen tus minolles. ¿Al Caribe? Demasiado fácil. Yo creo que probaría a intentar comprar una pequeña islita de la Polinesia, una de esas típicas con palmeras a 45º y nativas poniéndote un collar de flores según aterrizas.

Vale, ya estás en tu isla perdida de la mano de dios y con un Porsche que en una isla de 5km. cuadrados poco puede dar de sí. Felipe dice que si no tienes un avión no eres un verdadero rico. Vale, un avión. Ahora tengo la movilidad que necesito, habrá que recorrerse los rincones más exclusivos del planeta, empezando por supuesto por Mónaco. Allí se pueden reclutar unas churris que alegren un poco el cotarro en la islita, porque ser rico y no tener churris en bikini reboloteando a tu alrededor no tiene gracia. Y ya que paso por allí, una casita en la Costa Azul, para pasar el verano. Cosa idiota, por otra parte, ya que durante el año vivo en una paradisiaca isla del Pacífico, pero así somos los ricos.

El caso es que después de ese par de años de derroche, al final te acabas apalancando en alguna de las suites de tu castillo escocés. Y sigues teniendo a las churris (aunque las veteranas de más de 25 años van dejando su sitio a las nuevas generaciones), pero tu imaginación ya no da más de sí. Y entonces es cuando empiezas a gastar el dinero en gilipolleces como cuadros y áticos en Nueva York donde nunca vivirás. Y ya está, la vida sería más fácil, pero en el fondo más aburrida. Que sí, que sería imbécil si rechazara esa vida, pero en el fondo los ricos no son tan distintos a nosotros, yo creo que en el fondo nos tienen un poquillo de envidia (aunque nada comparado a la que sentimos nosotros por ellos).

Música: Si Yo Fuera Rico – Espléndida versión del rey de la rumba: Peret.

PD: el próximo post irá dedicado al premio Blog Solidario que me ha sido otorgado. No me lo creo ni yo!

Nuestros temas de conversación

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Otro post auto-flagelante que viene a confirmar lo que ya todas las tías sospechábais: los tíos somos más simples que el vocabulario del Correcaminos. Creo que puedo decir sin equivocarme demasiado que los tíos hablamos el 99% de las veces de: deportes, coches y mujeres; repartidos en un porcentaje variable según la situación social. En mi caso y según mi experiencia:

  • Con amigos: el 60% de las conversaciones tienen como protagonistas a mujeres (famosas o no). El resto se reparte a partes iguales entre deportes (F1 y fútbol mayoritariamente, con trazas de tenis y baloncesto) y coches.
  • En el trabajo: por el mayor distanciamiento que suele haber (en comparación con los colegas de toda la vida) el porcentaje de conversaciones sobre mujeres baja, mientras que los deportes son los reyes de las tertulias en el café (no importa a qué deporte pertenezca, siempre se hablará del evento deportivo inmediatamente anterior al momento de la conversación). Digamos… 70% deportes, 15% coches, 15% mujeres.
  • Con tías: aquí sí que nos lucimos de verdad, salen a la luz nuestras aficiones más irreales y podemos hablar de cine, tv/famoseo, situación política en el Tibet, etc. Efectivamente, el hombre con más éxito entre las féminas es aquel que mejor sabe conversar sobre cosas ajenas al tridente masculino (deportes/mujeres/coches).

Por eso, mi inútil consejo de hoy para todos nosotros: cultivaos amigos míos, pasad horas de trabajo o de estudio leyendo la Wikipedia con el fin de obtener esos preciados temas de conversación que os harán sobresalir del tumulto de tíos-babosos que se acercarán a cualquier chica un sábado por la noche. Posiblemente siga sin servir para nada, pero dejaréis de ser unos zopencos tri-tema.

Y vosotras, sentiros afortunadas cuando habléis con un tío que esté empleando ese 1% restante de sus temas de conversación. Nuestro trabajo nos cuesta.

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